Abraham Skorka, el rabino amigo de Francisco
Abraham Skorka es el rabino amigo del Papa Francisco. Argentino como él, futbolero como él, ferviente defensor del diálogo interreligioso como él, sus coloquios con el pontífice se plasmaron en el libro «Sobre el Cielo y la Tierra».
Francisco le hizo preparar comida kosher pero le tomaba el pelo por ser hincha de River.
Escribió el prólogo de «El Jesuita» la biografía de Jorge Bergoglio, ahora Francisco, que escribieron los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti. Skorka viene de estar con Francisco en Roma, planea viajar con él a Israel en 2014 para darse un abrazo con su amigo frente al Muro de los Lamentos. Habla con enorme entusiasmo e ilusión de su pontificado. Skorka estuvo en Montevideo invitado por la B´nai B´rith para participar de una serie de charlas y conversó con El País.
-¿Cómo se hizo amigo del papa?
-Uh, esto es una historia de hace muchos años. En la década de los años 90 el presidente de la nación de turno me invitaba para representar al culto israelita en los tedeums que se hacen en la Catedral de Buenos Aires los 25 de mayo y los 9 de julio. Bergoglio, como Arzobispo de Buenos Aires, comenzó a introducir cambios. Hasta entonces estábamos, los representantes de los distintos cultos sentados en un lugar muy especial en derredor del altar de la Catedral, pero en una situación totalmente pasiva. Él quería brindarnos un honor especial. Entonces introdujo un cambio. Antes de terminar el servicio y despedir al presidente nos daba un saludo, un mero saludo, porque el presidente estaba esperando.
Y me preguntó un día: «¿usted de qué equipo es?». Yo soy de River. Nosotros tenemos un muy glorioso historial futbolero pero también alguna mancha por lo que se nos denomina «gallinas». Yo pensaba decirle algo respecto al versículo que había citado y su coraje porque realmente usaba un léxico profético criticando al gobierno, como los profetas solían hacerlo. San Lorenzo (equipo del papa) estaba bien y River mal. Me miró profundamente a los ojos y me dijo, en una forma nada teológica, «este año vamos a tomar sopa de gallinas». Frente a esta afrenta, lo único que se me ocurrió decir fue «esto es cizaña». El nuncio que estaba al lado dijo «no se puede decir cizaña». Entonces Bergoglio dijo, «estamos hablando de fútbol». Y el nuncio dijo «ah, entonces sigan nomás». Así fue el inicio. Detrás del chiste yo interpreté que había otra cosa. Este gesto barrió todas las barreras que pudiera haber habido. Yo creo que él habrá leído artículos que yo escribí en el diario La Nación donde ponía énfasis en el diálogo interreligioso. Todo esto empezó a entretejer una amistad cada vez más sólida. Lo invité dos veces a que viniera a mi comunidad. Escribí un libro que él me prologó. Me pidió que prologara «El Jesuita». Escribimos después un libro juntos e hicimos 31 programas de televisión.
-La comunidad judía argentina es cuantitativamente muy importante. ¿Cree que el papa, con su fuerte condena al antisemitismo, ha logrado que su colectividad sea más aceptada?
-Absolutamente. Cuando hacíamos el programa, se trataba de una charla muy calma. De los pocos momentos en que lo vi efusivo, exasperado, con mucha fuerza, era cuando decía «antisemitismo es anticristianismo».
«Al Papa le pido fuerza y que no afloje»
10/Oct/2013
El País, Uruguay